11 oct 2011

Ante los conflictos y las contradicciones

Es imposible que alguien no se contradiga. Empezando por, muchos y mucho hablamos pero poco hacemos. En la vida tenemos tantos ámbitos donde compartimos, vivimos, hacemos, decimos, aprovechamos o desperdiciamos. Hoy podemos decir estar a favor de la vida, pero no dejamos que otros vivan su vida. Mañana podemos decir que defendemos los derechos, pero nos molesta que otros piensen diferente. A veces podemos decir que queremos una educación mejor, pero no nos atrevemos a salir de las aulas, de las notas y de las asistencias. Muchas veces podemos pensar que no se debe matar, pero preferimos juzgar, encerrar, callar, preferimos creer que no se puede. Varias veces nos alegramos de la victoria de otros y por presenciarlos y festejar con ellos decimos ser patriotas, pero no queremos tener tiempo para organizarnos, para decidir, y preferimos tirar la botella por la ventana. Cuantas veces decimos que hay que cambiar, pero preferimos la normalidad, la estabilidad, la seguridad. Nos sorprende que haya tanta delincuencia y violencia, pero pagamos por ver sangre, peleas, suciedad, desnudez, morbosidad. Le contamos a todo mundo que juntamos dinero para ayudar a los más necesitados, pero no dejamos que reclamen sus derechos. Pedimos más espacios, más participación, más expresión, pero en las universidades no dejamos pintar, no dejamos gritar, no salimos de las aulas. Criticamos el autoritarismo, pero permitimos que otros decidan por nosotros. Queremos cosas grandes, pero no queremos escalar. Buscamos respuestas pero no nos preguntamos.
 

Es imposible no contradecirnos, pero es posible disminuir nuestras contradicciones, es posible reconocer nuestras contradicciones. Requerimos tener voluntad para ello, y así poder cuestionar y cuestionarnos, en lo que decimos y hacemos. No somos dueños del mundo, muy pocas veces de nosotros mismos, pero somos parte de lo que sucede, lo importante es buscar ser coherentes.

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